domingo, 21 de agosto de 2011

La Chapina o, “El miedo existe, pero no lo conozco…”

Los relatos verdaderamente históricos empiezan con una idea que puede al inicio parecer intrépida, fortuita o inclusive tonta. Como el que se aventuro a decir que la tierra no era el centro del universo, o aquel otro que decidió asesinar al archiduque de Austria-Hungría. La historia nos implanta conocimiento, experiencias; buenas y malas. Decidan ustedes que les deja este relato.


(una carreta varada sin nombre)

Ya es mas de la 1:30am y mi tripa se rehúsa a callar, y esta tripa no es normal, vale decir que yo tampoco, pero creo que eso ya se ha hecho evidente desde tiempo atrás si leen seguido.
Hace ya varias semanas un amigo conocedor del buen comer había hecho una recomendación digna de este momento. Y es que hay un momento para todo. Un jueves acabado, después de oír tonadas “melancólicas” de cierto DJ por un par de horas y habiendo sucumbido ya a un buen par de litros de La Canchita más Noble (este review viene un cacho más adelante mis buenos amigos), es que el curso es trazado. La Chapina hace su llamado, este era el momento. Fue así como entonces ya encima del viernes, pero aun debajo de las nubes del día anterior partimos hacia lo desconocido.


(queso y más que eso...)

Atravesando cuadras de esta ciudad atacada más que por la delincuencia, por la paranoia creada por los medios, una persona en su disque sano juicio no se le ocurriría dirigirse a una carreta de madrugada. Pero, ¡ay hombre! mis antepasados no sobrevivieron a base de temerle a los animales que cazaban, no, ¡claro que no! Al contrario, le hicieron frente y se alimentaron. En el presente a mi me toca hacer “básicamente” lo mismo, alimentarme. Las chapinas quedan localizadas justamente en la intersección de la diagonal 6 y el bulevar Los Próceres a la altura de los bomberos municipales.


(el alma de la chapina es de maíz)

Al llegar a la carreta las opciones fluyen. Estas personas si saben lo que hacen, pueden degustar desde la tradicional carne al pastor hasta por qué no, lengua u ojo. Ya habiendo caído en la tentación de la carne, se empieza a preparar esta aberración. La carne es preparada a la plancha junto con un volcán de queso OAXACA (las mayúsculas porque realmente uno tiene que gritar el nombre para demostrar que tan delicioso es) y esto ya después se ve introducido no en una, sino dos tortillas. Las dos tortillas sirven para albergar otro chipuste de queso que va fantásticamente derretido a la parrilla. Es interesante ver juntas a una tortilla de maíz y una de harina, definitivamente si tenían que coexistir el vínculo debía de ser el queso.

Después ya de tres permutaciones de carnes y quesos entendí que era suficiente, aunque no quería parar de comerlas lentamente. Desde que se le da la primera mordida y quema la lengua uno entiende que las chapinas siempre serán mejor que las gringas y que el que sucumbe al miedo nunca obtiene la recompensa...


(¡¡é xi to!!)

El director dice:

Calidad (4/5): con tanta carne uno no sabe que hacer, cerdo y res mezclándose con queso hacen que me quede pensando si realmente es necesario comer alguna otra cosa.

Precio (4/10): a Q20 por cada una compuesta de al menos 3 carnes y tomando en cuenta que una NO es suficiente hay que ir listo para poder disfrutar de todo el potencial de esta carreta.

Riesgo (7/10): honestamente me da mas miedo pasar por ahí de día. Sin embargo es latente el peligro estar al aire libre pasada la 1am comiendo fuera en esta ciudad. Tomando en cuenta que llegan a cerrar hasta las 3am pueden tomarse la libertad de extrapolar los sucesos y situaciones.


Calificación ponderada en piolos: 4.47


A los fieles seguidores les pido disculpas por las tardanzas, los contratiempos arrasan con las cosas que mas se disfrutan.