Yo decido
comer, usted también. Y por comer me refiero a pegarse una graaaaaan hartada,
no del tipo almuerzo ejecutivo de a Q15. Más como…
Justo
frente a la convergencia de la séptima avenida y quinta calle de la zona 13 (14.597528,-90.530329
introduzcan estas coordenadas en google maps), de esta cosa que se puede llamar
ciudad capital, se encuentran ubicadas las mixtas del Fischmann. De una caceta
verde se origina el O.T.N.I. Que viene
siendo como una representación apoteósica de la mixta tradicional, y que se
caracteriza por manipular la sinapsis de la región límbica del cerebro a su
sabor y antojo. Y es que con naturaleza parasítica lo único que desea es ser
consumido para poder seguir perpetuándose.
Existe la posibilidad de que
sea un mecanismo neuronal también, algo así como un neurotransmisor delicioso. Que
actúa en la corteza frontal justo en el sistema de recompensa y por eso el
placer absoluto al clavarle cada uno de los dientes, definitivamente hay
chispas en mi cerebro.
Desde que lo atravesamos con los incisivos, lo destazamos con nuestros caninos y terminamos por molerlo en lo más recóndito de nuestra mandíbula, el O.T.N.I. aventaja a cualquier raciocinio o negación de instinto que intente ocupar hasta a la mente mas privilegiada. Tal vez son las capas de ambrosia convertida en guacamol. O quizá sea su área superficial que supera los 170 cm2 de cada lado. No puedo dar seguridad del “¿por qué?” (como diría un dirigente), sin embargo, si puedo constatar que este ente puede desbalancear químicamente nuestro cerebro en búsqueda de su consumo perenne.
(O.T.N.I.)
No se trata de una cuestión metafísica,
este objeto es francamente la mejor representación de que vivimos en un mundo físico
y que el dualismo está arraigado nada más a nuestra necesidad de
espiritualidad. NO! el O.T.N.I. nos lo evidencia con un zarpazo de embutidos en
la sien. Se pueden contar no una ni dos,
sino tres salchichas. Una cantidad un poco inferior de chorizo y longaniza
fritas, y no asadas. Así como también carne a la plancha, todo finamente
cortado para volver la experiencia más eficiente. Monismo de sabor que nos
causa satisfacción, y como no pensar que actúa directamente en mi cerebro.
(sorpresa)
Ya al final mis neuronas
pueden estar fundidas de tanta actividad, o más bien puede ser una neuralgia,
lo importante es la sonrisa en mi cara. El O.T.N.I cobro otra vida a cuestas
del hedonismo gastronómico. Qué ¿como me hace sentir eso? ...pues bien.
Diagnóstico del Dr. Phill culinario:
Calidad (4/5): Es absurdo
tratar de evaluar objetivamente a este objeto que definitivamente se apodera de
mi al comerlo, pero sé que no es perfecto.
Precio (8/10): pagar Q25 por un plato, que a la vez es una obra ingenieril alimenticia, el tamaño de esta tortilla se merece un programa en el Discovery.
Riesgo (4/10): la locura no es algo que me preocupa, el lugar es tranquilo, solo me preocupa que pudiera ya no estar ahí.
Calificación ponderada en piolos: 4.84
Y así actúa el O.T.N.I.
Precio (8/10): pagar Q25 por un plato, que a la vez es una obra ingenieril alimenticia, el tamaño de esta tortilla se merece un programa en el Discovery.
Riesgo (4/10): la locura no es algo que me preocupa, el lugar es tranquilo, solo me preocupa que pudiera ya no estar ahí.
Calificación ponderada en piolos: 4.84
Y así actúa el O.T.N.I.





Esas tortillas desafían a la física tortillística. Son una paradoja, no deberían existir; sin embargo, existen y me las puedo comer a un precio perfecto. Son detalles como este los que alegran un poco la vida en esta triste urbe.
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